CONSIDERACIONES SOBRE LA SECRETARÍA DE CULTURA

Un millón 624 pesos fueron suficientes para que la comunidad cultural mostrara su desconcierto por las adquisiciones de la Secretaría de Cultura (SC) para engrosar la colección “Pueblo de Jalisco del Instituto Cultural Cabañas”. Una esquina de ladrillos que aprisiona un libro levantó las más variadas burlas sobre la pertinencia de comprar piezas de arte conceptual realizadas en esta década. Una fotografía pagada en cientos de miles de pesos sirvió para ejemplificar que el valor del arte es tan caprichoso como quien está dispuesto a pagarlo. Y sin embargo, a pesar de lo pertinente de las acusaciones sobre estas compras, quedó de lado el debate sobre el mísero presupuesto que destina la SC para adquirir piezas.

Seis millones son nada comparados con el presupuesto que ejercerá durante este gobierno la SC. En declaraciones Myriam Vachez, titular de la dependencia, afirmó que, primero, ese dinero no estaba presupuestado para comprar obra, es decir que a tres años de llevar las riendas de la cultura en Jalisco no planeó comprar una sola pieza; también dijo que si accedieron a comprar 15 piezas (una fue donada) fue debido a la insistencia de los artistas de que se adquieran piezas para completar la colección. Y volvemos a lo mismo, a tres años es gracias a la presión que se decide ejercer un exiguo presupuesto sin un plan, sin objetivos claros, sin ninguna justificación que no sea la presión de la comunidad interesada. Con el agravante de que una vez que lo hace surgen dudas por todos lados.

Y sí, es importante cuestionar las obras que se compraron de manera directa a los dueños de las piezas, como comprarle una escultura a Benito Zamora, que labró su carrera en pintura, o no acercarse a peritos especializados en valuación, o la pertinencia de hacerse piezas conceptuales en una colección cuya vocación es la pintura, o comprar obras del 2015 sin llenar los huecos de hace 30 años. Pero también es necesario señalar que la SC gasta poco, muy poco y lo hace mal. No deberíamos estar cuestionando las compras sino las migajas con las que la SC pretende resarcir el olvido de más 30 años en la colección “Pueblo de Jalisco”.

Porque si bien el debate sobre las cualidades estéticas para que una obra pertenezca a una colección es, o debería serlo, un asunto de especialistas, no lo es el hecho de que con ese presupuesto se pretendan loas y aplausos, no lo es el hecho de que se gaste sólo por la presión ejercida, no lo es la pretensión de “ayudar”, en palabras de Myriam Vachez, a los creadores al comprarles de manera directa. Hay muchas cosas que cuestionar sobre la compra, sin duda, pero creo que una de las más pertinentes es aquella que se centre en evaluar la manera en que la SC planea su labor. Tal parece que son meros apagafuegos, simples burócratas grises sin un ápice de interés en su labor. O quizá, como Bartleby, prefieren no hacer lo que les corresponde.

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Gerardo Esparza
Editor en De lo imposible ediciones.

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