OCHO AÑOS DE CELEBRAR LA RESISTENCIA

En un país con índices de lectura que se acercan más al desastre que a una verdadera industria alrededor del libro, comenzar una editorial es, por lo menos, una apuesta a la bancarrota monetaria y emocional. Mucho más insensatez es persistir en el romanticismo de editar libros en una ciudad que tiene la feria del libro más importante del país pero que no cuenta con una red de distribuidoras o librerías interesadas en libros locales. Sin embargo, aún hay quien decide apostar fuerte por una labor editorial independiente. Caso concreto del editor y poeta Jorge Orendáin, responsable de La Zonámbula Editorial, que este mayo cumplió los primeros ocho años de existencia y éxito en el complicado universo donde el libro impreso es un objeto respetado pero ignorado. Con la intención de “publicar obra literaria (poesía, ensayo y novela) de escritores con trayectoria y nueva aparición principalmente del estado de Jalisco, pues son pocos los espacios que hay para que los escritores publiquen sus obras, ya que en el medio gubernamental, privado y universitario hay poco interés”, el proyecto comenzó en el 2007 con el poemario Polvo Lugar, de la entonces debutante Xitlalitl Rodríguez. Desde ese libro hasta ahora, la editorial tiene un catálogo que se acerca a la centena de libros, entre los que se encuentran algunos imperdibles, como Desaforismos, de Raúl Aceves; Si no tardas te espero toda la vida, de Jorge Castellanos; Verso dicen, de Ricardo Yáñez o La oportunidad y otros relatos, de Marco Aurelio Larios. Y algunos otros que son fácilmente olvidables y omitibles, pues no siempre funcionan los puentes entre el autor y sus posibles lectores.

Con una trayectoria que va de Trashumancia, pasa por Arlequín y Editorial Universitaria, Jorge Orendáin no es un ingenuo en las lides literarias, acaso por ese mismo motivo resulta más aplaudible el proyecto, por el candor de la sonrisa que tiene quien se sabe condenado a navegar en un mar de imposibilidades: las complicaciones que pone el Estado mexicano para comenzar un proyecto editorial, los costos de impresión, la cada vez más cerrada distribución, los escasos lectores interesados, el nulo interés de los medios de comunicación para  hablar de libros en sus espacios o lo prohibitiva que resulta la exhibición de ejemplares en las librerías de cadena comercial.

Y es que la insensatez inicial de arrancar un proyecto dedicado por entero a editar libros locales se combate con la insensatez de comprarlos, de lograr que subsistan más de ocho años. Acaso esa la apuesta más compleja, adquirir libros para replicar el modelo de editores como Jorge Orendáin y dejar de celebrar la épica que significa resistir en un mundo de novedades y libros de superación. Mientras eso pasa, no queda más que duplicar la posta y poner el resto por la larga vida a La Zonámbula.

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Gerardo Esparza
Editor en De lo imposible ediciones

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