PIDO PRÓRROGA

Metro de Nueva York en los ochenta, por Richard Sandler.

Metro de Nueva York en los ochenta, fotografía de Richard Sandler.

Hay momentos en los que me asombra mucho destinar cuatro horas de mi vida repartidas en cuatro viajes, cada día, a la prevalencia del servicio de transporte público. Cuando llego a mi destino, me tienta la posibilidad de no levantarme de mi asiento y continuar dando vueltas por el Periférico hasta que mi ánimo y mi cuerpo me reclamen cambiar de postura. Pero inmediatamente me pongo de pie y me apuro a bajar pensando en el montón de cosas que debo hacer. Mis instintos están al servicio de las obligaciones, como si tuviera la certeza primitiva de que al atenderlas garantizo mi supervivencia.

Luego de diez horas frente a la computadora, me invade una angustia tremenda cercana al arrepentimiento. ¿Debería continuar formándome en un oficio que ha vuelto prescindibles a mis piernas —que las considera una extensión graciosa de este cuerpo semiparalizado que escribe y corrige—? ¿Estoy dispuesta a hacer esto el resto de mi vida? Muy a menudo necesito orearme, sacudirme, soportar mi peso, sudar.

Conforme se incrementan mis pendientes, empiezo a desear que pasen cosas graves y ridículas. Por supuesto, mi estado de delirio admite un poco de sensatez moralina y contempla que en esos desastres no haya pérdidas humanas ni nada que entristezca a la ciudadanía, o no mucho. Deseo, por ejemplo, que se vaya la luz en toda la ciudad, excepto en los hospitales, y que cuando regrese, el cumplimiento de la mitad de las tareas acumuladas sea innecesario para quienes deseen verse afectados por el repentino colapso.

Mi lista de pendientes sería una nota suicida muy conmovedora. Al final añadiría: “Si la vida es un conjunto de rituales restringentes, una institución grotesca, no veo por qué habríamos de comprometernos con ella”. Luego, seguramente, me arrepentiría y seguiría trabajando.

Hoy, lo que más deseo, es subirme a la bicicleta, mandar todo al carajo y salir a dar un paseo.

Con su permiso, vuelvo al trabajo.

***

Debra Figueroa

Estudiante de Comunicación Pública en la Universidad de Guadalajara.
~ ventanasabiertas.com

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