REMEDIO PARA EL POLVO

El año pasado compré una aspiradora. Decepcionada del plumero y preocupada por la capa gris que empezaba a cobijar mi pequeña biblioteca, emprendí a conciencia una búsqueda de aparatos succionadores de polvo. Luego de echarles un ojo a modelos ridículamente sofisticados —algunos prometían purificar el aire—, di con una Black & Decker compacta e inalámbrica, a la medida de mis necesidades. Mi entusiasmo electrodoméstico era digno de un comercial de ventas por televisión. Pero Black & Decker ya no es lo que fue hace treinta años: después de pocos minutos funcionando, la Robotina de quinta emitió un lamento grave y perturbador —parecido a una cumbia rebajada—, y finalmente se detuvo.

La preocupación por el polvo me llevó a un artículo titulado “Estudio del polvo sedimentado en depósitos del Archivo Nacional”, del Laboratorio de Conservación Preventiva del Archivo Nacional de la República de Cuba. Comparo lo observado en aquel edificio de la deteriorada Habana Vieja —nada grave, afortunadamente— con mi desdichado librero y reparo en las consecuencias de una mala ventilación. Es invierno y abro menos las ventanas: el polvo sedimentable desciende. (Me pregunto si el búnker que resguarda los inéditos de Canetti quince metros bajo tierra en la Biblioteca Central de Zúrich estará libre de polvo o si éste se habrá acumulado sobre el material inerte. Supongo que todo está cuidadosamente envuelto en plástico resistente al paso del tiempo, a la vida y sus partículas nocivas. Parece que el único remedio natural para el polvo es dejar de postergar).

Trato de identificar el momento en que el metabolismo de mi librero se trastornó: introduzco libros con más rapidez que con la que los leo. (No habría polvo si no hubiera qué se empolvara —o al menos se limpiaría con facilidad—, y no habría libros empolvándose si fuera un poco más sensata). Rápidamente va ganando horizontalidad: tomos recostados y apilados. Tal vez termine leyendo puros PDF; la culpa y el polvo disminuirían.

Mi mamá me prestó su aspiradora —la Koblenz que debí comprar. Habrá venta de cochera en vacaciones.

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Debra Figueroa

Estudiante de Comunicación Pública en la Universidad de Guadalajara.
~ ventanasabiertas.com

 

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