ROBAR UN LIBRO (Y LUEGO DEVOLVERLO)

Hace algún tiempo presenté un libro en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara, un libro de un tiraje muy breve, de una editorial que apenas si se puede llamar tal cosa. La presentación fue como casi todas, palabras, celebración, tragos y por supuesto, venta de libros. Todo normal. Se podría decir que fue un éxito. Sin embargo, días después el escritor, el protagonista de aquella presentación, me escribió apenado porque uno de los alumnos de la Facultad de Letras, que fueron mayormente los asistentes a la presentación, quería que le firmara un ejemplar que orgulloso presumía haber hurtado. El responsable de aquella editorial soy yo, a quien robaron un libro es al proyecto del que me hago responsable junto con un par de personas más. Conozco a la persona que decidió llevarse un ejemplar de los cien que estaban a la venta, y que en nuestro caso, financian la publicación de un nuevo libro.

Traigo esto a colación porque en estos días se llevó a cabo, por segundo año, el Mercado Literario, un espacio en el que confluyen las editoriales independientes, todas locales, todas tratando de sacar adelante un proyecto que encuentra poco eco en un mercado global que se ha acostumbrado a comprar los libros de las mesas de novedades de las grandes editoriales, de las grandes cadenas libreras. Y en este espacio también hubo alguien dispuesto a llevarse un libro sin el importe necesario. Al final, y supongo que en un dejo de honestidad tardía, regreso el libro a su lugar, después de haberlo escondido entre las páginas de una revista y pasear por todo el espacio con él. Pero entonces, como lectores, en dónde estamos.

Y vuelvo a la pregunta que nos hemos hecho durante mucho tiempo, o que nos hicimos durante estudiantes, ¿es válido robar libros sólo porque no lo puedo pagar? Supongo que sí, pero afirmo que no. Y es que el acto va dirigido en dos vertientes. Si lo que queremos obtener no es el objeto, sino el contenido, y el libro es el único soporte donde encontraremos las ideas ahí plasmadas, y además no lo encontramos en ninguna biblioteca, si nadie está dispuesto a prestarnos un ejemplar, y si además no tenemos (diferente a no queremos) la posibilidad de pagar por él, me parece que el robo no es un mal mayor. Pero, si lo que queremos, además de leer las letras impresas, es poseer el objeto, el robo camuflado de derecho a la cultura es una patraña y quien lo hace un simple ladrón. Porque, y aquí retomo mi experiencia como editor arriba mencionada, en el caso de las editoriales locales (no podría hablar por las grandes casas editoras), casi todas están dispuestas a compartir los textos, los archivos pdf o las hojas impresas. Robar un libro que lo que hace es pagar la siguiente edición, y hacerlo a sabiendas de tal cosa, es uno de los actos más mezquinos entre los habitantes del pequeño mundo de las letras locales. No me asusta el hecho de apropiarse de un objeto que no nos pertenece sólo para poder satisfacer el placer de leer sin la molestia de pagar por él. No me escandaliza que ciertos lectores tengan por costumbre esperar la FIL para hacerse de libros de Atalanta, Siruela o Gredos. Me entristece, eso sí, que en una comunidad literaria como la nuestra, con precariedades y trabas por imprimir un ejemplar de buen gusto, de gran calidad, miembros de esta misma comunidad decidan aprovecharse de los proyectos ajenos por el simple gusto de tener un libro más en su estante. Falta sentido de pertenencia, falta ponerse en los zapatos de los editores y escritores que buscan imprimir un poco de cultura a la espera de sembrar un camino arado de mezquindades. Y si quieren un libro y no lo quieren pagar, que escriban el suyo, se autopubliquen y luego entonces vean que las mínimas ganancias se van entre las páginas de una revista, escondidas en un morral de vergüenza, sólo así se darán cuenta que a veces la cultura tiene un costo que busca reinvertise en más cultura.

Gerardo Esparza
Editor en De lo imposible ediciones.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *